domenica 24 novembre 2013

Jo soy un pandillero - La venganza del Shaggy



Una tarde de un día de finales '89, en un apartamento anonimo de un bloque de pisos en los suburbios, más o menos en la intersección de la Avenida Normandie y Martin Luther King jr. Boulevard, el olor acre de la cerveza y el dulce aroma de la marihuana mostraban el camino para la fiesta a la que sólo podía unirse si fueras un pandillero salvatrucho o dieciocho.
 
Nada mejor que compartir un rato con las chicas y los hermanos escuchando rock y hip-hop alterno a James & Bobby Purify o Mary Wells siempre y a ir fuerte con las opiniones sobre una mujer.
El mito dice que Shaggy, pandillero poco más de un adolescente de la Calle 18, fue asesinado a tiros por una ametralladora uzi en la calle, no lejos de la fiesta, dando vida a la guerra que aún continúa entre dos de las organizaciones criminales juveniles más crueles del mundo, Mara Salvatrucha y Calle 18.
Como sabemos el mito se basa en una realidad de la cual, sin embargo, es independiente y, de hecho, la razón de la guerra abierta en el tiempo entre las dos organizaciones criminales es ciertamente diferente y más profunda y debe ser identificada en cuestiones raciales y de identidad desarrolladas en el mundo de la marginación de los inmigrantes salvadoreños en los suburbios de Los Angeles en los años 70.
La Mara Salvatrucha, nació en los años 70 sobre la necesidad de los jóvenes inmigrantes salvadoreños a unirse para defenderse a sí mismos en un entorno urbano hostil en el que ya existía pandillas juveniles principalmente mexicanos.
La Salvatrucha, a diferencia de su escindida costilla, Calle 18, nunca ha
aceptado, en nombre de la preservación de la identidad entre sus filas a cualquier miembro que no fue salvadoreño. Con el pasar del tiempo y el crecimiento de los intereses criminales es suficiente una excusa para hacer explotar una situación que estaba ardiendo bajo las cenizas de las carreteras en las afueras y en los suburbios de la ciudad de los ángeles.
La Mara Salvatrucha, dijimos, nasce y crea un su espacio en una realidad ya fuertemente impregnado por la existencia de docenas de otras pandillas en su mayoría mexicanos y sus descendientes los Chicanos y otras realidades delictivas.
Éste que contaremos en los próximos post es una larga historia; una historia  primera que criminal sin duda de marginación, adelantando así a las causas que dieron origen a uno de los fenómenos criminales actual también hoy, no sólo en América Latina y los Estados Unidos sino también en Europa, España y desde unos años en Italia.
La experiencia adquirida a lo largo de más de treinta años de la policía judicial sobre el campo, de estudios y de análisis, criminológicos, me llevan a hacer frente, ahora como en un futuro próximo, esta cuestión en la creencia de que, más allá del valor objetivo del conocimiento y de la comprensión, puede ser válida si se gasta en la formación de las mentes jóvenes dirigiéndolas hacia una reflexión sobre el fenómeno de las pandillas juveniles que cada vez más crecen principalmente en los suburbios de las grandes ciudades de nuestro norte.