giovedì 26 settembre 2013

Las Victimas


Las Victimas

El costo en vidas humanas de la narcoguerra mexicana
 
La narcoguerra en México, comenzada en 1989 como un conflicto entre las  grandes agregaciones criminales, después de la detención de Miguel Ángel Félix Gallado (que se acredita con la previsión de confiar a diferentes equipos como influir en las áreas criminales en México, marcando de esta manera el comienzo de la gestión empresarial del mercado de drogas en el país), luego se transformò, con la apariciòn de la dura politica de lucha contra el narcotràfico,  iniciada por el Presidente Calderòn, después de su elección en 2006, así como en un enfrentamiento entre organizaciones rivales para la conquista de distintas plazas, también en una guerra contra el Estado, que ha reclamado un increíble número de víctimas, que pueden considerarse causa de exterminio masivo.
Esto obligó el nuevo Presidente de México, Enrique Peña Nieto, a un brusco cambio de dirección en la política interna, ya no centrada, en sí mismo, en la lucha final contra las organizaciones criminales, sino que destinada a hacer frente a la expansión de estos fenómenos criminales con un substancial desarrollo económico del país, lo que debería llevar, a través de una reducción significativa de la delincuencia y el simultáneo aumento relativo de la seguridad interna, a una mejora de las condiciones de vida de la población.
Para comprender la crudeza de esta guerra, convencionalmente comenzada el 11 de diciembre de 2006, contra la decisión del gobierno de Calderón para iniciar una operación a gran escala contra la delincuencia organizada en el estado de Michoacán, es necesario recordar que, como en el final de ese mismo año, abía causado cerca de 500 muertes entre los pertenecientes a las diferentes organizaciones criminales involucradas en el tráfico de drogas.
El gobierno de Calderón, como se ha mencionado, en un intento para contener los conflictos entre bandas de delincuentes en un contexto fisiológico, se dio prioridad  al uso de la violencia y, al final de 2010 había sido detenido, como responsables de este crimen, 121.199 personas, enmarcadas sobre todo para el Cartel del Golfo y Los Zetas, una rama del primero que durante mucho tiempo ha alcanzado su autonomía como organización criminal.
Debido a la narcoguerra, en México, se detectaron 90.000 muertos (fuentes no oficiales estiman no menos de 150.000), con un dramatico incremento en las muertes entre 2006 y 2011 (los años de presidencia de Calderón). Entre las víctimas de esta matanza sin precedentes, sin embargo, hay que incluir no sólo a los que fueron asesinados, sino también a aquellos que nunca han sido reportados como desaparecidos y, finalmente, todos los que han recibido una guerra de una lesión personal, ya sea primaria o secundaria.
La victimología nos obliga, ahora, a distinguir entre las víctimas de la narcoguerra, subdivididas en víctimas activas, agresivas, es decir, los narcos que mueren víctimas de entre ellos mismos y contra el estado, y víctimas pasivas, es decir accidentales, profesionales, simbolicas o transversales. Porque de echo, en esta guerra, no mueren sólo los combatientes inscritos en las diversas organizaciones criminales, sino también un gran número de civiles, incluyendo ir dolorosamente numerado, entre otros, miles de mujeres y niños.
Entre las otras víctimas, también hay que mencionar a los miles de migrantes que  del sur del continente americano tratan de alcanzar la riqueza del norte, arriesgando sus vidas en el viaje largo y insidioso, a menudo mortal, para llegar a los Estados Unidos.
Por último, parece importante mencionar los cientos de periodistas eliminados, porque presuntamente responsables de de favorecer tal o cual organización criminal, en detrimento de los competidores, induciendo de esta manera varios periódicos a renunciar a la libertad de prensa, absteniéndose de cubrir noticias judiciales la narcoguerra, por temor a represalias a sus corresponsales.
Otro aspecto acerca de las víctimas de la guerra por el control de los flujos de drogas, en los medios de comunicación, es el uso que los delincuentes buscan y obtienen la exposición de los cuerpos de las víctimas , a menudo desmembrados, decapitados, con las extremidades amputadas, demostrando una falta total de sensibilidad de respeto a la piedad cristiana. Estas latitudes aún resuenan, antropológicamente, las experiencias ancestrales de los Incas y los Mayas, conocidos por los atroces sacrificios y la destrucción brutal del cuerpo de los enemigos vencidos.